sábado, 28 de noviembre de 2009

No nos sobran los campeones mundiales

Autor: Fritz Du Bois

Es realmente refrescante y alentador ver a chicos como los Cori compitiendo entusiastamente en el torneo juvenil de ajedrez y ganando dos títulos mundiales. No creo que en nuestro país tengamos otra experiencia de dos hermanos logrando, al mismo tiempo, el mayor galardón del planeta. Es que, en realidad, a nuestro país no le sobran los campeones mundiales.Lamentablemente, hasta el momento, la hazaña de estos hermanos no parece haber generado mucho entusiasmo en el Estado. Incluso, el IPD ha informado que un burocrático reglamento impediría que se les pueda otorgar los Laureles Deportivos, ya que estos parecen estar reservados para deportistas mayores o para dirigentes cuando son jubilados.

Esta reglamentación, como la mayor parte de la legislación del Estado, es absurda, pues el objetivo de darle reconocimiento a un deportista es motivarlo a que se siga superando y, de esa manera, esperar que continúe escalando. Si se limita el reconocimiento público solo para aquellos que prácticamente están al final de su carrera, se pierde el enorme beneficio del incentivo. Cuanto más joven sea el deportista destacado que recibe reconocimiento del Estado, mayor posibilidad hay de que nos dé crecientes satisfacciones a medida que se vaya superando. Por tanto, cae por peso propio la necesidad de reformar tan ridícula limitación en el otorgamiento de los Laureles.

Por otro lado, en este caso, como lo fue anteriormente en los de Sofía Mulanovich y Kina Malpartida, se ha confirmado que la mejor fuente de financiamiento para jóvenes promesas o talentos es el auspicio del sector privado y no, necesariamente, el apoyo del Estado. Por ello, sería importante que se continúe evaluando el proyecto de ley del mecenazgo –que debe ser tanto cultural como deportivo– para permitir que fluyan más recursos hacia esos sectores.

Es que, en realidad, el contar con una legislación que promueva la participación del empresariado en actividades culturales o deportivas no tiene por qué ser una vía de evasión ni un drenaje a las arcas fiscales. Un mecanismo bien reglamentado, con una adecuada fiscalización, lograría perfectamente el objetivo de facilitar el financiamiento privado bajo topes y condiciones que limitarían el riesgo de ser mal utilizado. Tenemos que crear las condiciones para asegurar que historias de éxito como la de los hermanos Cori no sigan siendo una excepción.

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